«Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias”. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer. El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a l...
-
ConfirmarDorado MallLun–Sáb 9:00–20:00Sin stock
-
ConfirmarAlbrook MallLun–Sáb 9:00–20:00Sin stock
-
ConfirmarAtrio MallLun–Dom 9:00–19:00Sin stock
-
ConfirmarLos PueblosLun–Dom 9:00–19:00Sin stock
-
ConfirmarMetromallLun–Sáb 9:00–20:00Sin stock
-
ConfirmarFederal MallLun–Sáb 9:00–19:00Sin stock
-
ConfirmarPlaza Wong ChangLun–Sáb 9:00–19:00Sin stock
-
ConfirmarColón 2000Lun–Sáb 9:00–19:00Sin stock
Solo mostramos sucursales con recogida en tienda. La compra online se despacha desde nuestro almacén.
DESCRIPCIÓN |
DETALLES |
|---|---|
|
el extranjero ilustrado - t.d
«Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias”. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer. El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla, y regresaré mañana por la noche. Pedí dos días de licencia a mi jefe y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: “No es culpa mía”. No me respondió. Pensé entonces que no debía haberle dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido aspecto más oficial. Tomé el autobús a las dos. Hacía mucho calor.» -- «Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias”. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer. El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla, y regresaré mañana por la noche. Pedí dos días de licencia a mi jefe y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: “No es culpa mía”. No me respondió. Pensé entonces que no debía haberle dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido aspecto más oficial. Tomé el autobús a las dos. Hacía mucho calor.» |
|
