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Preferiría ser amada (MINI-ILUSTRADOS)

Emily Dickinson

9788417281724 Nordica Libros S L
Sinopsis

"Una carta es una alegria de la Tierra denegada a los Dioses". Recogemos en este libro algunas de las cartas y de los pequeños y breves poemas que la gran autora estadounidense escribía en los sobres de su correspondencia como esbozo, tal vez, de sus poemas mayores. Nos rencon...

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DESCRIPCIÓN

DETALLES

Preferiría ser amada (MINI-ILUSTRADOS)

"Una carta es una alegria de la Tierra denegada a los Dioses". Recogemos en este libro algunas de las cartas y de los pequeños y breves poemas que la gran autora estadounidense escribía en los sobres de su correspondencia como esbozo, tal vez, de sus poemas mayores. Nos rencontramos con su poesía de lo doméstico y de lo privado. Además de descifrar algunas claves artísticas de la poeta más moderna de su época, alejada de cualquier movimiento literario. Un libro imprescindible para seguir descubriendo la obra y la vida de la escritora de Amherst. El delicado trabajo gráfico corre a cargo de la joven ilustradora madrileña, Elia Mervi.

Editorial: Nordica Libros S L

Fecha de publicación:

Serie:

Páginas: 112

Empastado: Tapa dura

Idioma: es

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Sobre el autor

Emily Dickinson
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Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830-1886) nació en el seno una familia rica y puritana de Nueva Inglaterra. Estudió en la academia de Amherst y en el seminario femenino de Mount Holyoke, cerca de Boston, pero su delicada salud ...

Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830-1886) nació en el seno una familia rica y puritana de Nueva Inglaterra. Estudió en la academia de Amherst y en el seminario femenino de Mount Holyoke, cerca de Boston, pero su delicada salud y su rebeldía religiosa la llevaron a abandonar el curso antes de tiempo. Dickinson, que fue una joven activa y llena de vida, se encerró a los treinta años en la casa paterna y ya no salió. No obstante, mantuvo el contacto con los seres queridos a través de sus cartas, tan cuidadosamente elaboradas como sus poemas. Poco después de su encierro, habiéndose reafirmado en su vocación poética, escribió al periodista y crítico Thomas Higginson para saber si sus versos «estaban vivos». Pero el genio poético de Dickinson estaba muy por encima de las capacidades de su pobre «preceptor», quien le aconsejó no publicar. Las primeras selecciones de sus poemas fueron editadas póstumamente. Paradójicamente, estas corrieron a cargo del arrepentido Higginson y de la escritora Mabel Loomis Todd. Sus poemas gozaron de un inmediato reconocimiento popular. La crítica tardaría todavía muchos años en concederle el lugar que merece en la historia de la poesía universal.

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